Ojalá te Enamores
Le contaba a un amigo que hace tiempo que no me enamoro. Mucho tiempo.
De los 15 a los 35 siempre estuve acompañada. Cuando una relación estaba terminando, empezaba la siguiente. No era algo planeado, era algo que sólo sucedía. Mi sensación es que no era cómodo para mí que fuera así pero, evidentemente, por algo siempre repetía la misma conducta.
Ahora hace 5 años que no me enamoro. A veces pienso que soy rara, o me pregunto si la persona indicada ya pasó por mi vida y no supe reconocerla. Me niego rotundamente a considerar la teoría que asegura que uno tiene un cupo de amor en su vida, y que si te lo gastaste todo, chau, no hay nada más para vos. Pero no puedo dejar de preguntarme, ¿será realmente así? ¿Y si ya no queda más amor para mí?
Sea como fuere, el otro día le contaba todo esto a un amigo que, notablemente ofuscado por la extensión del relato, de repente disparó:
Mirá, ¡ojalá te enamores!
Wow. Fue así, como una lanza. No sonó a mimo o caricia, para nada. Pareció más un dardo envenenado o un dedo certero en la llaga, bien puesto. Me dieron chuchos de frío. No me gustó.
Se lo dije. Se río. Me contó que entre los árabes, esa frase es una amenaza.
Me quedé pensando. Al estar enamorado se pierde el rumbo. Subirse a la montaña rusa de las emociones implica dejarse llevar. Uno se pone tonto, vulnerable, inseguro. Deja de ver objetivamente, sueña despierto, se mueve por impulsos. Sufre. Es complicado, de repente se hace simple, y se vuelve complicado otra vez.
¿Puede ser verdad? ¿Y si enamorarse es, en el fondo, algo no tan bueno?
No sé. A mí me gusta estar enamorada. Prefiero toda la vida enfrentarme a sufrir y saber que estoy sintiendo algo, a no sentir nada e hibernar en un mundo sin pasiones.
“Ojalá te enamores”. Sonó a maldición.
Yo lo tomo como un buen augurio.
"Olvido = Tiempo + Distancia"
¿Existe la Amistad entre el Hombre y la Mujer?
Hace unos días, compartí un taxi con un amigo. Fuimos charlando todo el trayecto, riéndonos de anécdotas de viajes y asuntos cotidianos. Se bajó antes que yo y, apenas cerró la puerta, el taxista soltó la frase (literal):
No le creo nada a este flaco. ¿Vos creés que es amigo tuyo? Este quiere otra cosa.
Me quedé atónita.
En primer lugar, porque el taxista parecía muy correcto y no había emitido sonido alguno hasta que mi amigo se fue. Pero, además, porque de verdad somos amigos. Jamás hubo nada entre nosotros ni lo habrá. Ni siquiera insinuaciones. Yo no lo veo de otra manera, y estoy segura que él tampoco me ve a mí como un prospect amoroso.
Le dije al taxista que no, que nada que ver, que no era así. Que éramos amigos desde hacía mucho tiempo y que jamás habíamos tenido nada. Y que tampoco lo tendríamos.
Pero insistió. Y, con tal de convencerme de su argumento, estuvo los 20 minutos siguientes de la travesía explicándome los porqués de su teoría sin dejarme, literalmente, pasar un aviso.
Según él, un hombre jamás puede ser amigo de una mujer. Siempre tendrá un interés sexual. Siempre “estará agazapado esperando el momento oportuno para atacar” (sic). Pasen los años que pasen.
El tema de la amistad entre el hombre y la mujer parece generar un debate donde las posiciones son diametralmente opuestas. Las mujeres tienden a creer que existe. Los hombres que no.
Bueno, la verdad es que las mujeres suelen creerlo hasta que su hombre es amigo de alguien más.
Si hablo desde mí, yo sí creo que existe. A lo largo de mi vida siempre tuve muchos amigos hombres, tantos y a veces incluso más que amigas mujeres. Con la mayoría jamás hubo ningún sentimiento más que amistad.
Y en el caso de los poquísimos amigos con quienes sí hubo algo más (sobran dedos de una mano para contarlos), la verdad es que supe desde el primer momento que existía la posibilidad que pasara algo. En mi caso es así. Sé desde el momento cero de conocer a alguien si quedará en amistad para siempre o si tiene potencial para evolucionar en algo distinto.
Me parece arcaico pensar que hombres y mujeres no pueden ser amigos. Siento que es un concepto antiguo vinculado con la época en que los hombres salían a la calle a ganar el pan con el sudor de su frente y las mujeres se quedaban en casa cuidando a los hijos. Una época en que estaba en pleno vigor el ‘los nenes con los nenes y las nenas con las nenas’.
Pero ahora ambos sexos compartimos las mismas actividades, sociabilizamos juntos, tenemos los mismos intereses. Tiene mucho sentido que seamos más amigos que nunca.
‘Cuando Harry conoció a Sally’ es una de mis películas favoritas, pero no coincido con su hipótesis: no todas las amistadas entre hombres y mujeres terminan en romance.
Así que a la pregunta del título, yo digo que sí: la amistad entre el hombre y la mujer sí existe.
¿Vos qué creés?
Me dice:
- Me hiciste un vodoo. No te puedo sacar de mi cabeza.
Juro que no.
Desigualdad Amorosa
Siempre me partió la cabeza la desigualdad amorosa. Que el amor no sea recíproco y que la vida nos permita amar a alguien que no nos ama -y viceversa- es, de alguna manera, un truco del destino.
Mi primera experiencia fue a los 8 años con Christian. Era mi compañero de 3º grado, y me tenía totalmente encandilada. Y no era un “amor de chicos”, como decía mi madre. De ninguna manera. Yo estaba enamorada en serio.
Soñaba con él, lo miraba embobada en el recreo, estaba pendiente de lo que hacía todo el tiempo, me parecía genial todo lo que decía. Armaba historias en mi cabeza en las que él me confesaba que también gustaba de mí y me preguntaba si quería ser su novia.
Pensaba en él mucho más que en cualquier otra persona. Y buscaba señales de que a él le pasaba lo mismo que a mí.
Pero no.
Christian era divino y, a pesar de ser un chico, súper caballero. Pero nunca sintió por mí lo mismo que yo sentí por él. Y, para colmo de males, cuando terminó el año se fue a otro colegio. Que para esa edad, es como si hubiera ido a vivir a otra galaxia.
Los primeros días de 4º grado estuve desolada. Pero como la distancia ayuda al olvido, con el tiempo lo fui superando. Poco tiempo por aquella época, debo reconocer. Pero nunca me olvidé de él.
En los 32 años que pasaron desde aquel amor hubo varios romances en mi vida. Algunos compartidos, otros unilaterales de mi lado y otros no correspondidos por mí.
Los compartidos son amores en serio. No hay mucho que agregar. Cada amor compartido se forma por las dos personas, así que cada uno tiene un carácter único. Algunos fueron mejores que otros en diferentes aspectos, pero todos fueron buenos, aún en los peores momentos. De todos aprendí mucho.
Los unilaterales…bueno. Tristísimos. Cada vez que me meto en algún unilateral me dan ganas de pegarme a mí misma. Pero no puedo conmigo. Se que no va, que no me conviene, que no es para mí, pero no me para nadie. Quisiera borrarme al señor en cuestión de la cabeza, pero nada funciona. Y lo único realmente efectivo parece ser el viejo refrán “un clavo saca a otro clavo”. Claro que, a veces, el segundo clavo vuelve a ser un unlilateral, por supuesto.
Los no correspondidos me generan una mezcla de ansiedad y angustia. Me siento responsable por el hecho que alguien sienta por mí algo que yo no puedo hacer recíproco. No quiero que se sienta mal, pero tampoco quiero dar falsas esperanzas y, al final, tratando de ser considerada termino no siendo clara. Los años me enseñaron a mejorar esto, pero también me dejaron con muchos menos amigos que los que debería tener. Y es que algunos -pocos- sabios han podido reconvertir las expectativas amorosas en una amistad. Pero otros -muchos- quedaron en el camino. Y muy enojados, por cierto.
La desigualdad amorosa es una injusticia, no hay duda. Pero el amor es así, a veces se da, a veces no. Que se de de manera compartida es un milagro.
Me encantan los milagros.