La Vinería de Gualterio Bolívar | Cocina Molecular
Hasta julio de este año existió en España El Bulli, un restaurante famoso en todo el mundo por sentar las bases de lo que se denomina cocina molecular, que es ni más ni menos que la transformación de platos tradicionales mediante técnicas culinarias que se basan en la física y la química de los ingredientes.
Y ahora tenemos un exponente de la cocina molecular aquí en Argentina, con un cheff que, según se cuenta, trabajó con Ferrán Adriá en el mítico restaurante catalán.
El lugar es mínimo y minimalista: apenas unas 6 mesas ubicadas en un espacio pequeño, con una decoración excesivamente austera.
Los platos se suceden unos tras otros, con una presentación interesante tanto desde lo visual como desde lo olfativo y auditivo. Quien los sirve explica en qué consiste cada bocado y, aún así, algunas texturas sorprenden al ser experimentadas.
Y experiencia es la palabra que define este restaurante. Porque algo que tradicionalmente se come caliente se sirve frío como el hielo, lo que parece sólido resulta ser una espuma, o lo tradicional se deconstruye en varios ingredientes que, en conjunto, rearman el sabor conocido.
Prefiero no abundar en detalles porque creo es una experiencia para vivir y no para ser contada. Pero sí voy a dar algunos consejos:
- Es mejor llegar temprano. Quienes llegan más tarde ven los platos que le van sirviendo a los más adelantados, y ahí se pierde la sorpresa de la experimentación.
- El menú degustación, de 16 pasos, consume casi 4 horas. Es recomendable que quien nos acompañe sea alguien con quien podamos sostener una conversación durante todo ese tiempo.
- El maridaje con los vinos que ellos recomiendan duplica el valor del menú, que ya de por sí es bastante elevado. Sin embargo, no vale la pena. Es mejor pedir el vino que a uno realmente le interesa. Y, de cualquier modo, una copa de vino por cada plato resulta excesivo.
- El local es caluroso. Es mejor llevar ropa liviana.
- No es recomendable ir para una cena de negocios. El servicio no es tan excelente como debiera y al lugar le falta ambientación. Pero lo más complicado es que evitan facturar, lo cual lo hace inviable para quienes deben pedir luego un reintegro de gastos corporativos.
La Vinería de Gualterio Bolívar podría ser mucho más. Se queda a 3/4 de camino para completar el circuito de una experiencia casi mágica.
De cualquier modo, con la magia incompleta, vale la pena visitarla.
Astrid & Gastón | Cocina Peruana
Hace tiempo que venía escuchando comentarios acerca de Astrid & Gastón. Más que nada por parte de personas que visitaban el país, turistas que habían recibido una recomendación buenísima de este restaurante de Palermo y que, luego de visitarlo, habían comprobado la excelencia de su cocina.
Ayer fui. Con expectativas bastante altas, por supuesto. Sabiendo que es un lugar realmente caro, y luego de haber visto que está excelentemente calificado en Guía Oleo y en A Small World, no quedaba lugar a dudas que la experiencia sería sublime.
El espacio es una vieja casona, donde cada una de sus habitaciones se transforma en un comedor con pocas mesas y diferente identidad. Cerca de la entrada hay uno más oscuro iluminado con velas, más acorde para una cena romántica. A nosotros nos ubicaron en uno con un ventanal hacia el jardín, el “Salón de los Espejos”, con una decoración bastante más austera y mucho menos interesante.

Convengamos que un restaurante tan caro como este no puede tener arañas con lamparitas quemadas. Tampoco se justifica que los espejos que dan personalidad a nuestro sector tengan ploteos de vinilo pegados encima. Por más que se trate de una publicidad de la prestigiosa marca Movado, eso le quita charme al ambiente y lo acerca mucho a un comedero de barrio.
Con respecto a la cocina, luego de haber visitado otros restaurantes peruanos en la ciudad, debo decir que este se queda bastante atrás. La calidad de Sipan y Osaka, en comparación, es muy superior. Y sus ambientes, definitivamente, son mucho más agradables.
Los platos son correctos, pero no se destacan. La vajilla, la mantelería y los cubiertos no aportan a la estética de los platos, ni siquiera contribuyendo al aire clásico-tradicional del lugar.
Ni te molestes en comer un postre: dudo que alguno valga la pena. Los dos que nosotros probamos eran de estándar para abajo.
Lo único que destaco y que realmente me sorprendió fue el pisco sour de maracuyá.
Por lo demás, Astrid & Gastón es un lugar olvidable. Es más, en función de la relación costo-beneficio-experiencia general, te diría que ni siquiera vayas. No vale la pena la visita.
Y sí, la fama -en este caso- es puro cuento.
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Sipan | Cocina Peruana y Pisco Bar
La verdad, sabía muy poco de la cocina peruana antes de ir a Sipan. No, mentira. Empecemos de nuevo.
La verdad, no sabía nada de la cocina peruana antes de ir a Sipan. Nunca estuve en Perú -aunque es un destino pendiente- pero, por un preconcepto que no se de dónde habrá salido, pensaba que la comida sería grasosa y estilo guiso.
Pero en Sipan tuve una experiencia realmente especial. Hacía tiempo que no comía cosas tan ricas y tan bien preparadas.
El restó está dentro de una galería en pleno centro, Paraguay y Florida. De afuera no dice mucho, pero al entrar se transforma en un lugar mágico lleno de íconos de Perú, ambientado en colorado y dorado, y a la luz de las velas.

La atención es excelente, y las recomendaciones de los camareros son impecables en todo sentido. Hay que escucharlos porque saben de lo suyo.
La cocina es peruana, pero también tienen opciones que son fusión chino-cantonesa. Hay una oferta de platos impresionante, para todos los paladares, donde se destacan los pescados que son servidos con bastante espectacularidad.
Mis recomendados son:
- Tiradito de salmón con salsa de maracuyá
- Lomo criollo salteado
- Suspiro limeño como postre
Obviamente, no podíamos dejar el lugar sin degustar un pisco. Optamos por el tradicional pisco sour (¡excelente!), pero hay otras variedades de pisco que seguramente probaremos en futuras visitas.
Porque Sipan es así, te deja con ganas de más. Vuelvo pronto, lo prometo.
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Pura Tierra | Cocina Argentina
Hacía tiempo que me habían hablado de este restó y todavía no había encontrado el momento para ir. Finalmente lo hice el sábado pasado.
Me encantó el lugar. Es una casa antigua reciclada, que conserva mucho de su espíritu original -incluyendo un impactante vitral en el techo de un sector del salón, que funciona como un semi privado frente a la cava- a pesar de su remodelación. Mucha madera, luz tenue a través de grandes arañas que cuelgan del techo e imágenes de plumas y plantas integrados en forma velada sobre gran murales en las paredes, completan una cuidada decoración.

La cocina es muy variada y está basada en el paladar argentino, incorporando también carnes no tradicionales (como la llama y la codorniz) que se complementan con papines andinos y verduras de todo el país. Los platos que comimos fueron de los más refinados que hemos degustado últimamente, e incluyen diversas texturas y sabores que se integran a la perfección.
El servicio es excelente. Para comenzar ofrecen una degustación de panes con tres variedades de dips que por sí solos justifican la visita al lugar. Y, para golosos como yo, la trufa que acompaña el café del final, de amarguísimo chocolate, es de una exquisitez suprema.
Y hablando de exquisiteces. No se pierdan por nada del mundo la mousse de chocolate amargo con crema de café en base de amaretto, con gajos de naranja natural y confitada. Impresionante.
Sólo tengo una queja: detesto los lugares de los que salís con olor a comida. Y este es uno de esos. Creo que eso arruina el final de la historia (¡nada menos!).
Pero como hoy estoy buena y quiero un final feliz, más allá de ese detalle, voy a reconocer que me gustó mucho Pura Tierra. Y lo recomiendo para cualquier salida intimista o romántica. Es un lugar para visitar, sin dudas.
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Loreto Garden Bar | Cocina Variada
Loreto Garden Bar es un lugar con onda. Con mucha onda. Y lo mejor de todo es que la comida es rica. Tiene la mezcla perfecta entre una cocina cool y lo hecho en casa.
Hay muchas cosas que me gustan de Loreto. El ambiente, la gente, la música. Hasta el edificio que lo alberga aporta su grano de arena a la magia total del lugar.
Y es que ésta es una casa con encanto, estilo racionalista de los años ‘50. Tiene un patio adelante con unas mesas que son muy aprovechadas cuando hace calor o por quienes quieren fumar. Y también tiene un patio trasero con plantas y flores que, cuando llegue el verano, seguramente será el punto de encuentro obligado para quienes pasen a tomar algo por la tarde.

El salón comedor también tiene lo suyo. La deco es austera pero trendy. Hay una mezcla de estilos que jamás consideraría reunir en mi casa, pero ahí quedan increíblemente bien combinados y me encanta el resultado final.
Al mediodía tienen un menú del día que sorprende con una interesante variedad, que va desde un simple guiso de lentejas hasta un sofisticado wok de pollo con trigo y vegetales saltados. Esta es una muy buena opción para quienes trabajamos cerca y queremos sentirnos un poco en casa.
Pero los platos a la carta son todos increíbles y dignos de probar uno a uno. Mis favoritos son:
- Pechuga de Pollo Grillada con ensalada de rúcula, parmesano y tomate, con vegetales asados y dip de honey mustard;
- Ensalada Tibia de Espinacas Frescas, pechuga grillada, huevo tibio, parmesano y panceta crocante;
- Hamburguesa Casera Lord Héctor, con queso brie y cebollas caramelizadas, con papas o verdes.
Todos mis aplausos -y de quienes me han acompañado- se los lleva la versión Loreto de la clásica Chocotorta. Todos coincidimos en que es la mejor que hemos probado en Baires.
El restó es muy nuevo (inauguró este año) y, por el momento, sólo está abierto para desayuno, almuerzo y merienda.
Loreto Garden Bar es uno de los lugares de Buenos Aires que vale la pena conocer. La atención es genial, la comida es rica y el lugar tiene mucha onda. ¿Qué más se puede pedir?
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Novecento | Cocina de Autor
Que Novecento se catalogue a sí mismo “cocina de autor” -cuando, en realidad, sirven milanesas a la napolitana- puede parecer pretencioso.
Sin embargo este restó, uno de los clásicos argentinos desde hace años, no en vano ha ganado fama internacional y se ha expandido con sucursales fuera del país.
Es cierto que lo que hace tiempo fue su gran diferencial hoy ya no lo es. Para los porteños es habitual encontrar lugares con personalidad, cocina refinada y una carta reducida pero acertada. No obstante, Novecento conserva un cuidado detalle en la preparación que hace que cada plato integre los mejores sabores de la cocina del mundo.
Mis recomendados son:
- Ojo de Bife con papas bravas y ensalada mixta. Un clásico argentino muy bien servido.
- Salmón rosado con rattatouille y risotto de espárragos. Una perfecta combinación de sabores.
El ambiente es muy cálido y la decoración remite al Buenos Aires de antaño, mezclado con carteles de época y señalizaciones de calles remotas. La luz de las velas por la noche suma a lo acogedor del lugar.
El único punto en contra es que la falta de amortiguación sonora hace que sea muy ruidoso. Y eso, sumado a la tendencia de los argentinos a hablar a los gritos, puede resultar incómodo.
Ya sea en su ubicación original de Cañitas, o en su sucursal de Zona Norte, Novecento no decepciona. Vale le pena conocerlo.
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Lotus Neo Thai | Cocina del Sudeste Asiático
Buenos Aires es una ciudad que se caracteriza por tener una variada gastronomía. Sin embargo, restaurantes tailandeses no abundan y, a decir verdad, sólo hay uno: el Lotus Neo Thai.
Este restó, originalmente ubicado en Cañitas, se mudó a otra zona de Belgrano. Las mismas lámparas de flores y la decoración oriental se trasladaron a una casona reciclada sobre la calle Arribeños, en pleno corazón del Barrio Chino.
Conviene reservar porque no hay muchas mesas. Al hacerlo, preguntarán si se prefiere una mesa común o una en las que se come sentado en el suelo. Personalmente elijo la última opción porque es la más tradicional, pero no es apta para quienes tengan poca flexibilidad.
La comida tailandesa es sorprendente porque, en su preparación, se busca generar sensaciones en todas las papilas gustativas. Por eso todos los platos, sean principales o postres, deben tener algo dulce, algo salado, algo ácido y algo amargo.
Mis elecciones favoritas:
- Saté Mixto como entrada, unos pinchos de carnes mixtas servidos con almíbar de pepino y una salsa de maní que se lleva todos los premios.
- Paneng Kai como plato principal, un curry de pollo con leche de coco. Los curries son lo mejor del lugar, pero hay que estar preparado para que el picante impacte mucho más que lo esperado.
- Buñuelos de Banana con Crema Americana. Me encanta el contraste caliente-frío, porque los buñelos están recién hechos y la crema americana es helada.
Como bebida prefiero la limonada de menta, que es lo que más me ayuda a aplacar el picante de las comidas en la boca. Pero para quienes eligen acompañar los platos con vinos, debo reconocer que éste es el punto débil del lugar, ya que la carta es bastante limitada.
Lotus Neo Thai es el único restaurante en Baires donde se puede probar la thai food. Tenemos suerte que sea, además, un buen lugar para hacerlo, ya que tanto la comida como el ambiente son excelentes.
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