Astrid & Gastón | Cocina Peruana
Hace tiempo que venía escuchando comentarios acerca de Astrid & Gastón. Más que nada por parte de personas que visitaban el país, turistas que habían recibido una recomendación buenísima de este restaurante de Palermo y que, luego de visitarlo, habían comprobado la excelencia de su cocina.
Ayer fui. Con expectativas bastante altas, por supuesto. Sabiendo que es un lugar realmente caro, y luego de haber visto que está excelentemente calificado en Guía Oleo y en A Small World, no quedaba lugar a dudas que la experiencia sería sublime.
El espacio es una vieja casona, donde cada una de sus habitaciones se transforma en un comedor con pocas mesas y diferente identidad. Cerca de la entrada hay uno más oscuro iluminado con velas, más acorde para una cena romántica. A nosotros nos ubicaron en uno con un ventanal hacia el jardín, el “Salón de los Espejos”, con una decoración bastante más austera y mucho menos interesante.

Convengamos que un restaurante tan caro como este no puede tener arañas con lamparitas quemadas. Tampoco se justifica que los espejos que dan personalidad a nuestro sector tengan ploteos de vinilo pegados encima. Por más que se trate de una publicidad de la prestigiosa marca Movado, eso le quita charme al ambiente y lo acerca mucho a un comedero de barrio.
Con respecto a la cocina, luego de haber visitado otros restaurantes peruanos en la ciudad, debo decir que este se queda bastante atrás. La calidad de Sipan y Osaka, en comparación, es muy superior. Y sus ambientes, definitivamente, son mucho más agradables.
Los platos son correctos, pero no se destacan. La vajilla, la mantelería y los cubiertos no aportan a la estética de los platos, ni siquiera contribuyendo al aire clásico-tradicional del lugar.
Ni te molestes en comer un postre: dudo que alguno valga la pena. Los dos que nosotros probamos eran de estándar para abajo.
Lo único que destaco y que realmente me sorprendió fue el pisco sour de maracuyá.
Por lo demás, Astrid & Gastón es un lugar olvidable. Es más, en función de la relación costo-beneficio-experiencia general, te diría que ni siquiera vayas. No vale la pena la visita.
Y sí, la fama -en este caso- es puro cuento.
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