Maquillate Que en Esta Foto Salís
Situación que se dio esta tarde. Mientras manejaba, me iba pintando los labios. Uno que paró en un coche al lado mío en un semáforo me gritó:
- ¿Te parece bien maquillarte mientras vas manejando?
Ni le contesté. Este tipo no entiende nada, claramente. Pintarse los labios en el auto a las apuradas es sólo una parte ínfima de maquillarse. Maquillarse en serio va mucho más allá.
La verdad es que, por más que protestemos, a la mayoría de las mujeres nos gusta maquillarnos. Es un rito que, dure cinco minutos o una hora entera, no hace sentir lindas y nos otorga cierta sensación de poder.
Si sos mujer y sos como yo, te diverte el acto en sí de maquillarte. Salir a la calle pintada como una puerta, no. Pero hay para todos los gustos. Cara lavada real, cara lavada simulada -un look que impuso Cindy Crawford, que parecía muy natural pero que de natural no tenía nada-, cara con una consistente capa de revoque -al mejor estilo del personaje de la cosmetóloga que Juana Molina hacía en su programa de los 80-, ojos recargados CFK style, boca colorada, vintage, gótico, y demás etcéteras.
Tenemos una relación con el maquillaje que no se entiende muy bien y que data de nuestra infancia. Cuando somos chicas, pintarnos la cara nos fascina. Queremos parecer grandes. Queremos ser como mamá. Queremos sentirnos lindas.
Todavía me acuerdo lo genial que fue cuando a una de mis hermanas le regalaron un jueguito para maquillarse (el famoso “Tammy”) y nos pasamos tardes enteras metiéndonos cosas en la cara y en las uñas que, con la torpeza y la falta de pulso de la infancia, terminaba dándonos un look ‘payaso de circo’ que distaba mucho de la belleza que pretendía ofrecer el producto.
En la adolescencia, que es cuando mejor tenemos la piel, es cuando más queremos maquillarnos. Lloré a mares hasta que mi madre dejó que me delineara el ojo de negro. Y eso fue recién a los 15. Antes de esa edad no me dejaron usar nada de nada. Y lo bien que hicieron. No lo necesitaba, pero no lo sabía.
El mayor problema con el make up es que hasta cierta edad te hace parecer mayor y, a partir de cierta edad, te ayuda a no parecer tan vieja. El tema es detectar ese punto de inflexión. Viendo a las mujeres por la calle no estoy tan segura que todas lo tengamos claro.
La mayoría somos autodidactas. Vamos aprendiendo copiando a las demás, a los ponchazos, tratando de imitar algo que vimos en otra que no siempre es lo que nos queda bien a nosotras. Nadie nos enseña realmente cómo se hace. Sin embargo, las mujeres seguimos gastando año a año fortunas en productos que nos dan la ilusión de sentirnos mejor. El creador de la marca Revlon decía que él no vendía cosméticos, sino mujeres hermosas. Y tenía razón.
Por eso, volviendo al que hoy me gritaba desde el coche de al lado: ¿cómo explicarle en los segundos que me daba el semáforo cuál es la diferencia entre pintarse los labios y maquillarse?
Pintarse los labios no es maquillarse, es sólo pintarse los labios. Es apenas la punta del iceberg. Maquillarse es otra cosa, es todo un rito. Es algo que no siempre tenés ganas de hacer, pero te ayuda a verte mejor, y por eso lo hacés igual a pesar de la falta de ganas o de lo dormida que estés a la mañana. Es algo que hasta te puede cambiar la personalidad por un rato y te puede transformar en alguien sexy. Te puede hacer parecer más joven o más grande, dependiendo de la edad que tengas. Te da seguridad, te hace sentir poderosa, te hace encarar la vida de otra manera.
Yo me maquillo, ahora él también se maquilla, nosotros nos maquillamos, vosotros os maquilláis, ellos se maquillan.
¿Y vos? Andá a maquillarte ya que en esta foto salís. Y tenés que salir bien.