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Inventos Perennes

Hace varios años, cuando llegué al pueblo de mis ancestros en España, descubrí que todos repetían orgullosos que era un lugar de afiladores y paragüeros.

Este no era un detalle menor para mí: mi bisabuelo, que llegó a Buenos Aires en un barco que tardó no se cuántos días en arribar, había tenido múltiples oficios. Uno de ellos, el principal, había sido paragüero. Y parece que era de los buenos.

Tener un antepasado paragüero en parte motivó este post, porque pensar en ese trabajo me hizo comprender que un paraguas es un objeto que, a lo largo de los años, no ha cambiado sustancialmente. Un paraguas era un paraguas cuando mi bisabuelo era chico, cuando creció para aprender el oficio, cuando nació mi abuela, cuando nació mi padre y cuando nací yo. Y si algún día tengo hijos, adiviná qué: el paraguas seguirá siendo el mismo.

Me pregunto si la no-caducidad del diseño del paraguas tiene que ver con una concepción genial desde su momento cero. Evidentemente, si no ha hecho falta modificarlo en tantas décadas -incluso siglos- será porque desde el vamos estuvo bien concebido.

Pero parece ser que hay otros inventos, además del paraguas, que tampoco tienen fecha de vencimiento: los limpiaparabrisas de los autos, la plancha hogareña, la ducha, los cubiertos o las bachas donde te lavan la cabeza en las peluquerías, son claros ejemplos de productos perennes. Es cierto que cambian materiales y aspectos del diseño, pero la esencia sigue siendo la misma.

Y seguramente debe haber muchos más.

Hace tiempo leí un artículo donde decían que la ducha tradicional, donde el agua cae desde arriba, pronto se convertiría en un producto del pasado. Aseguraban que en Japón habían inventado una ducha inversa que tiraba el agua desde abajo que revolucionaría el baño tal como lo conocemos. Con esto se evitaría tener frío, se ahorraría agua y se bajarían costos de electricidad y gas. ¿Vos la tenés en tu casa? Yo tampoco.

Tal vez todo se reduce a entender que no hace falta cambiar lo que está bien. Que algo bien pensado desde el vamos no tiene porqué ser alterado. ¿Para qué hacerlo?

Pensar que hace muchos, muchos años hubo alguien que planteó un diseño de paraguas muy similar, casi idéntico, al que usamos hoy. Seguramente jamás podría haber imaginado que, siglos más tarde, la bisnieta de un paragüero de Galicia estaría elogiando su obra. Y menos aún, que la seguiría usando.

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