¿Y si lo Caro salió Barato?
Zapatos, carteras y pañuelos, en ese orden. Esas son las cosas que más me gusta comprar. Y, aunque tengo los placares llenos y los cajones estallan, siempre hay algún color o algún estilo que me falta.
Quienes me conocen poco pueden pensar que soy una compradora compulsiva, pero no. Soy muy selectiva. Tanto, que si algo de lo que compré no me convence 100%, no tengo ningún problema en cambiarlo. Tantas veces como sea necesario.
Más allá de la certeza que tengo de comprar lo que realmente quiero -aunque no siempre lo necesite, es cierto- de vez en cuando sucede que hago alguna compra que excede ampliamente lo que “se supone” debería haber gastado por el artículo en cuestión.
Pongamos un ejemplo: en la vidriera hay una cartera que combina mágicamente colores que jamás hubiera puesto cerca siquiera en una piñata de cumpleaños infantil. Y, sin embargo, queda genial. Si le sumamos a eso un diseño impactante y un toque vintage, y si encima tiene varias formas de uso, se convierte automáticamente en un ítem de compra obligada.
Así que no lo dudo. Entro y la compro. Aún cuando me dicen que vale varias veces lo que me había imaginado.
Y la uso a morir.
Tengo un amigo que, cada vez que hablamos de esto, lanza la misma frase. Una frase que alude a la relatividad de las cosas.
Porque podemos comprar algo baratísimo, y no usarlo jamás (o sea, terminó siendo caro) y, en contraposición, podemos adquirir algo carísimo que terminamos gastándolo de tanto usarlo (es decir, resultó ser baratísimo).
La frase de mi amigo Leo es simple, pero engloba una filosofía interesante y trascendente:
“¿Qué es caro y qué es barato?”
Voy a poner otro ejemplo. Hace poco tuve una cirugía. Me quedó una cicatriz bastante grande que, a medida que fueron pasando los días, se fue poniendo colorada y gruesa.
El médico me recetó una crema, que mandó a preparar con una receta magistral a su farmacia amiga. El potecito terminó costando AR$225 (unos US$56) y tuve que hacer una cola de 20 minutos para que me lo entregaran. Me pareció carísimo. Por supuesto, protesté desde que entré a la farmacia…hasta esta mañana.
Sucede que me levanté, luego de haberme puesto la crema ayer a la noche y, como por arte de magia, la cicatriz está un 80% mejor. Con este resultado, pagaría el doble por ella, si fuera necesario.
Lo bueno del “¿Qué es caro y qué es barato?” es que se puede extrapolar a otras cosas, más allá de lo material. A los vínculos, las amistades, los gustos…sirve como vara y medida para saber qué vale la pena y qué no.
Pero eso ya será motivo de otro post.